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GRANA COCHINILLA, UN BICHO DE COLOR ROJO MEXICANO

Por Rest. Gela Rodríguez Elizalde

 

Aún recuerdo el impacto que me ocasionó conocer que un color de tono tan bonito se obtenía de aquellos bichitos con los que solía jugar de niña, amedrentándolos hasta que se hacían “bolita” para protegerse y se convertían en balón para mis poco futbolísticos dedos. Por supuesto la especie con la que jugaba es diferente de la que se obtiene el colorante, pero vamos, una cochinilla es una cochinilla, y guapas no son.

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Una materia se llama colorante cuando es susceptible de teñir un elemento incoloro, es decir, darle la propiedad de permanecer coloreado. La principal característica que diferencia los pigmentos de los colorantes es que los pigmentos no se mezclan con el aglutinante y quedan en suspensión, mientras que los colorantes se disuelven en él. ¿Cómo notamos la diferencia? Si aplicamos ambos materiales en un textil los resultados son claramente distintos, pigmento + aglutinante producirá un claro efecto de capa depositada sobre la superficie de las fibras; colorante + medio coloreará las fibras sin crear capa.

 

Las primeras materias colorantes eran de origen vegetal (índigo, gualda, campeche, orchilla) o incluso animal (cochinilla). En la actualidad son, en su gran mayoría, derivados de hidrocarburos contenidos en el alquitrán de hulla; la mayor parte de las materias colorantes naturales han sido reproducidas artificialmente y entran en el cuadro de las materias colorantes sintéticas.

 

La grana cochinilla (Dactylopius coccus) es un insecto parásito del nopal. Del cuerpo desecado de la cochinilla hembra se obtiene el ácido cármico que es un colorante rojo.  Aunque existen varias recetas de preparación, grosso modo la elaboración consiste en moler el insecto y agregar un ácido (usualmente ácido cítrico) y una sal como el carbonato de sodio, hervir cuando menos 30 minutos y decantar filtrando para obtener el preciado material.

Grana-Cochinilla-1

Un poco de Historia. Según los vestigios revisados, la tecnología para la obtención de pigmentos debió haber estado muy consolidada en las culturas mesoamericanas, ya que los colorantes se incluían como un tributo importante (1). Se tiene conocimiento de su uso desde el siglo X de nuestra era, durante el dominio tolteca. Para el cultivo de la grana se requería tener una avanzada tecnología basada en el conocimiento del binomio cultivo del nopal (Opuntia sp.) y del ácaro que lo parasita.

 

“Al color con que se tiñe la grana llaman ‘nocheztli’, quiere decir, sangre de tunas, porque en cierto género de tunas se crían unos gusanos que se llaman cochinillas, apegados a las hojas, y aquellos gusanos tienen una sangre muy colorada, ésta es la grana fina que es conocida en esta tierra… A la grana que ya está purificada y hecha en panecitos, llaman grana recia o fina, véndenla en los ‘tiánquez’ (mercados locales hoy llamados ‘tianguis’), hecha en panes, para que la compren los pintores y tintoreros” (2).

Dactylopius-coccus-costa-cochinilla-colorante

Gracias a las fuentes históricas y los estudios científicos, hoy es conocido que éste colorante fue empleado para la realización de códices tanto en la época prehispánica como en la época de contacto. En ambos casos coinciden en que los colores de origen orgánico usados en los códices podían ser colorantes que se extraían, se depuraban, se mezclaban con algún aglutinante y, sin requerir más preparación, se utilizaban para pintar. Sin embargo, la mayoría de los materiales colorantes orgánicos eran convertidos en pigmentos laca para alcanzar la estabilidad y la resistencia que su aplicación en los códices exigía.

 

Por supuesto es de entenderse como innegable su uso para teñir textiles y poco menos obvio en el arte plumario.

 

Una vez consumada la conquista, el español dominador empezó a buscar los yacimientos minerales que proporcionaran riqueza tanto a los propios peninsulares como a la Corona, en los sitios donde pronto se agotaron los arenales auríferos fue necesario buscar alternativas que pudieran generar las ganancias apetecidas.

El cultivo de la grana cochinilla en 1599 según Gómez de Cervantes (5)

El cultivo de la grana cochinilla en 1599 según Gómez de Cervantes (5)

Aunque es altamente conocida su producción en la antigua Antequera, hoy Oaxaca, el cultivo del insecto fue estimulado por los españoles a partir de 1531 primero en Tlaxcala y Puebla. Hacia 1550, John Chilton, navegante y espía inglés, describió que:

“…hay otras tres grandes ciudades: una muy famosa nombrada Tepeaca, Waxacingo (Huejotzingo) y Tecamachalco; todas estas pertenecieron en lo antiguo al reino de Tlaxcala, y de ellas sale la mayor parte de la cochinilla que trae a España” (3).

 

El alcalde mayor de Cholula en 1581, Gabriel de Rojas, cita la producción de grana en su descripción de los principales frutos de su jurisdicción:

“Es tierra abundosa de mantenimientos y frutos y a falta de pastos y montes por ser poca tierra y estar toda cultivada de sementeras y nopales en que se coge la grana […] Cógese gran cantidad de grana que llaman cochinilla y los indios (nochiztli) que cuando menos se cogen en solo esta ciudad son dos mil arrobas poco más o menos y cuando más cuatro mil arrobas según son los años fértiles o estériles […] El mayor trato que en este pueblo hay es el de la grana así entre españoles como entre indios y el cacao en el cual trato si indios e indias tan diestros y liberales que cuentan doscientos mil cacaos en un día” (4).

 

Mucho se habla de que la introducción del ganado ovino incrementó el uso de la grana ya que de ella se obtiene el color más intenso y se fija más firmemente en los textiles de lana que en los de origen prehispánico como algodón o fibras de agaves o yucas.

 

No obstante lo laborioso de la cría de este insecto, la habilidad y paciencia de los indígenas posibilitaron la expansión del producto. El mercado europeo, al descubrir las cualidades de este tinte, pronto incrementó su demanda. El rojo cármico se convirtió en una fuerte competencia para los colorantes europeos, pues con él se teñía la ropa de reyes, nobles y del clero. Incluso se utilizaba para pintar artesanías y tapices. Su uso en el arte fue incorporado desde finales del siglo XVI. El Greco lo empleó en obras como La Crucifixión (1597) y Una Fábula (1580).

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Como producto de exportación, salía del puerto de Veracruz hacia Europa entrando por España, y de ahí a distintos destinos; la grana llegaba a Rusia y hasta a la misma Persia. Del puerto de Acapulco zarpaba la Nao de China rumbo a las Filipinas cargada de productos valiosos, entre ellos la grana cochinilla que abastecía los mercados de oriente.

 

Así, la grana se convirtió en el segundo producto de exportación de la Nueva España, durante los tres siglos de ocupación y hasta el siglo XIX, después de los minerales preciosos. Su uso, como el de muchos productos artesanales, cayó en decadencia con la industrialización y la creación de colorantes sintéticos a finales del siglo XIX.

Grana-cochinilla

En 1990 el neurólogo MacLean refirió que en 1858 el anatomista alemán Joseph Von Gerlach introdujo el carmín como colorante para la tinción de neuronas, y desde entonces este pigmento ha sido utilizado en el campo de la histoquímica, y también para visualizar proteínas sobre membranas de nitrocelulosa en la llamada técnica del “Western blot”.

 

Aún a la fecha sigue teniendo gran demanda ya que se usa en la industria textil, en la industria alimentaria donde se le designa con la clave E120, en cosmetología, en el arte pictórico, etc.

 

Es de reconocer la labor de grupos de artesanos en los estados de Puebla y Oaxaca que están retomando su uso tradicional evitando que este conocimiento hereditario se pierda para siempre.

 

Si te interesa conocer más de este colorante, su historia, sus usos y aplicaciones visita la exposición “ROJO MEXICANO: LA GRANA COCHINILLA EN EL ARTE” que actualmente se exhibe en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. Estará en exhibición del viernes 10 de noviembre al domingo 04 de febrero de 2018. De martes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs.

 

El Greco, “Una Fábula” (1580), Museo Nacional del Prado en Madrid, España. 

El Greco, “Una Fábula” (1580), Museo Nacional del Prado en Madrid, España.

 

BIBLIOGRAFIA

  1. Mohar, B. L.M. (2013b) Los productos tributados a Tenochtitlan. Arqueología Mexicana vol. XXI Núm. 124:56-63.
  2. De Sahagún, B. (1969) Historia General de las Cosas de la Nueva España. Ed. Porrúa. 4 vols. México.
  3. García Icazbalceta, J. (1963) Relaciones de varios viajeros ingleses en la ciudad de México y otros lugares de la Nueva España siglo XVI. Ediciones José Porrúa Turanzas, Madrid.
  4. De Rojas, Gabriel.«Carta al Rey sobre la ciudad de Cholula en 1593 por Juan Pineda», en Pedro Carrasco (ed.) Tlalocan, vol. VI, n°2, México, INAH. 1970. p. 182.
  5. Gonzalo Gómez de Cervantes,La vida económica y social de la Nueva España al finalizar el siglo xvi. México. 1944. Antigua Librería de Robredo, Biblioteca Histórica Mexicana de Obras Inéditas, n° 19, p. 163-181.